Ante La guerra electromagnética, El perro mueve la cola.

Por Dilanci May Sierra

Creo que durante mis años estudiando artes audiovisuales tuve profesores cuyo nivel no tiene nada que envidiarle a los profesores de las primeras universidades del mundo, pero no hago alusión a esto como una suerte de chovinismo académico, sino por el contrario para honrar una de las cosas que hemos perdido y es el orgullo de haber pasado por una universidad y adquirido con esfuerzo una de las pocas cosas que nadie te puede arrebatar; el conocimiento.

Aún recuerdo como durante una clase uno de mis profesores favoritos nos obsequió un par de sentencias que a la postre pasarían a formar parte de mis principios como profesional, la primera de ellas, es que todo discurso está mediado por el lugar social desde el cual se construye y la segundo es que las películas son documentos susceptibles de ser herramientas de análisis de la realidad.

Sabiendo que cada discurso nace desde una postura ideológica, tengo claro que los delincuentes no tienen religión o ideología, sólo utilizan estas para embaucar a los inocentes, que con fe ciega desean creer. Más aún en sociedades como las nuestras donde los más débiles están sedientos de oportunidades que jamás llegan.

Ver a nuestro alrededor y observar como se precariza la sociedad hasta niveles prácticamente inhumanos es deleznable, sin embargo, es aún peor observar como se justifica la precarización de nuestra sociedad desde el discurso hegemónico de un gobierno tiránico cuyo único interés es mantenerse en el poder a toda costa.

Y es que este gobierno esta aferrado al poder como Gollum se aferra al anillo que los controla a todos y se mese abrazandolo y diciendo: “mi precioso”….

Pero esto no hace que deje de lado la certeza de que el discurso antiimperialista y nacionalista chovinista en el que los gringos son los malos y los rusos junto a los chinos son los buenos, porque el primero quiere nuestros recursos y los segundos lo que quieren es venir a comer pescao frito en cata, es un sofisma y la única forma de justificar la construcción de las guerras teórico ficticias que vivimos día a día.

Hay una cita de un autor de caricaturas argentino ya fallecido llamado Carlos Trillo que dice: “Es necesario suspender la verosimilitud, para que puedan existir las hadas”. Y es que en Venezuela la verosimilitud se ha suspendido para hacer presente el fantasma de las guerras ficticias.

Estas guerras iniciaron hace veinte años, primero con la batalla ideológica, que luego se llamó batalla de las ideas, que se transformó en la guerra asimétrica, que mutó en la guerra económica, que ahora se volvió la guerra lumínica en la que nos lanzan rayos cibernéticos y que me imagino que en los próximos días será la guerra acuática.

Porque al parecer, beber agua y bañarse es una costumbre burguesa de la cual el pueblo debe prescindir, si es que están claros ideológicamente. de lo contrario son unos traidores a la patria que deben ser denunciados y convertidos en portadores de la letra escarlata para que los fieles adeptos logren identificar a los potenciales agentes de la CIA a los lacayos que sin saberlo trabajan para el imperio.

Todas estas guerras han tenido diferentes actores y perpetradores que como Mata Hari jamás son atrapados, a excepción de la iguana, la iguana hasta donde entiendo falleció por estar manipulando cables de alta tensión sin la protección adecuada, a pesar de haber sido entrenada por la CIA en un campamento paramilitar en Colombia.

Todo esto que les escribo es porque la realidad que nos ha tocado vivir en Venezuela es una realidad que supera con creces a las más complejas construcciones cinematográficas concebibles incluso por los mas avezados cineastas del planeta.

Lo que me hace recordar la segunda sentencia toda película es un documento susceptible de convertirse en una herramienta de análisis de la realidad y la razón para escribir esta breves líneas y es que hoy he venido a recomendarles una película norteamericana llamada Wag The Dog, en español La cortina de Humo o El perro mueve la cola y es que esa película tiene mucho de lo que nuestros gobernantes nos hacen vivir en Venezuela diariamente solo que en nuestro caso es para justificar la realidad distópica en las que nos ha sumido la incompetencia de quienes se aferran al poder.

La película trata acerca de un asesor de la Casa Blanca (De Niro) que contrata a un excéntrico productor de Hollywood (Hoffman) para “inventar” una guerra con Albania, transmitirla por televisión, y así distraer al público norteamericano de un escándalo sexual que involucra al presidente. La película, basada en una novela de Larry Beinhart, se parece demasiado a la realidad, ya que su estreno coincidió con el punto más caliente del Caso Lewinskyy una nueva intervención de EE.UU. en el Golfo Pérsico. De Niro ejerce también como coproductor.

Mostrado el argumento, ahora imagínense que esta película fuera filmada en Venezuela en medio del ejercicio del poder de un gobierno incompetente que que sólo puede justificar su incapacidad con las más descabelladas teorías carentes de la más elemental verosimilitud.

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