Con tan solo tres deseos.

Por Dilanci May Sierra

Ya fue estrenado el remake en LiveAction de «Aladdin» que aún no he visto, pero que hasta donde entiendo es una muy buena opción, sobre todo para quienes tenemos hijos y como cuando uno tienes hijos ve las películas que ellos ven, hace pocos días vi, por centésima vez, «Alicia en el país de las maravillas», la versión dirigida por Tim Burton, quien honestamente no es uno de mis directores favoritos, excepto por «The Big Fish» que me recuerda mucho a mi padre y que simplemente es una película excelsa, por decir lo menos.

En fin, volviendo a ver la película hay varios momentos en los que Jhonny Deep, encarnando al Sombrerero loco, y Alicia sostienen una conversación sobre las imposibilidades en las que piensan al comenzar el día y justo cuando Alicia está por librar con el yaberwoky la batalla final, hace referencia a las 8 imposibilidades en las que ella piensa.

Un ejemplo de una imposibilidad es un conejo que habla; y así, Alicia va nombrando cosas que ella vivió en el inframundo, pero que en la vida real son imposibles.

Esto me hizo pensar en las imposibilidades que vivimos los venezolanos día a día y que hemos aprendido a normalizar de una manera asombrosa: que no haya pan en las panaderías; que no haya medicina en las farmacias; que si ingresa a un hospital público pueda salir peor de lo que entró; o peor aún, que pueda morir por una bacteria que se encuentra en el hospital; y así sucesivamente.

De imposibilidades esta hecha nuestra tierra. Hace algunos años, un amigo francés que se vino a vivir a nuestro paradisíaco país me comentó que entre otras cosas, lo que más le gustaba de Venezuela era que aquí todo era posible.

Me ponía el ejemplo de que en Francia si un funcionario público te decía que no se podía hacer algo, ni que bajara Dios se podía hacer, en cambio en Venezuela, cuando un funcionario público te decía que algo no se podía hacer era cuando más oportunidades había de lograr lo que se necesitaba; solo tenías que apelar al genio de la lámpara mágica o en nuestro caso, al prócer (es decir monto en Bs.).

En fin, así somos. Ser de esta manera, creo, es una de las razones que nos ha traído a este punto de nuestra existencia y es que cuando se elige un gobierno es como encontrarse un genio en una lámpara mágica para pedirle tres deseos; pero esos genios no son como el de Aladdin, sino más bien como el de la película Wishmaster (El Amo De Los Deseos), una película de horror estadounidense dirigida por Robert Kurtzman en 1997.

Para que se hagan una idea, recuerdo que en un momento de la película una mujer le pide al genio que desea ser hermosa y joven eternamente y el genio la convierte en maniquí.

Creo que es una película interesante que se yuxtapone con nuestros deseos de país y con quienes deberían cumplir los deseos de un pueblo que aspira desesperadamente mejores condiciones de vida.

La película no es extraordinaria pero resulta muy interesante para quienes les gusta el género y por supuesto, para quienes deseamos que nuestros gobernantes nos concedan algún deseo. 

Por acá les dejo el tráiler  https://www.youtube.com/watch?v=9Pa8eozNCn8

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