El cine según Luimère

Falta muy poco para que estos dos grandes del cine cumplan 125 años de su creación. Para el año 1895 los hermanos Luimère culminaron su importante diseño de cinematógrafo, tomando algunas ideas del Kinetoscopio (imágenes en movimiento) del estadounidense Tomas A. Edison tenían una mayor visión de cómo debía ser el camino hacia el cine. Auguste y Louis Lumière fueron los inventores más importantes para proyección de las películas en espacios grandes.

Auguste y Louis Lumière, ambos tuvieron un acercamiento a la fotografía lo que les permitió tener una mejor visión de la proyección de películas. Esta aproximación al Kinetoscopio de Edison fue parte fundamental de la vida de ambos inventores, ya que podían obtener una imagen en movimiento que les podía proporcionar la técnica de esta, el mayor reto era obtener el mecanismo del fotograma para que pudiera ser proyectado en movimiento.

Lo fundamental era construir una máquina que pudiera hacer ese trabajo. Los hermanos Lumière, aunque no fue fácil de crear el mecanismo de esta, consistía en proyectar un banda de 16 imágenes, donde al mismo tiempo se debía abrir y cerrar el objeto para permitir el paso de luz según la imagen, si estaba en movimiento o estática.

Ese mismo año se estrenaron las primeras películas; “La llegada de un tren a la estación y El regador regado” ambas producciones de los hermanos Luimière quienes con otros amigos lograron estrenar una sesión de películas en Paris. Esta duró aproximadamente 30 min.

La vida cinematográfica de los Luimière abrió camino a grandes directores como Georges Méliès, quien tenía una gran vocación para la fotografía y posteriormente para el cine. Méliès es el pionero de pintar los fotogramas para darle otro dinamismo a esta creación. Lo que estos hermanos no fue un mero instrumento, fue, el invento más apreciado par al hombre, ya que desde el comienzo lo que grababa eran escenas de la vida cotidiana, lo que permite mirar cómo era la vida en el siglo XIX y XX en Europa y otros datos relevantes para la historia.

María Sequera

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